Continúa el aislamiento preventivo decretado por el gobierno para lograr frenar los contagios por Covid-19 desde el pasado 24 de marzo. Las consecuencias de este aislamiento social están poniendo de manifiesto algunas de las fisuras en la estructura del país, como la problemática de las miles de personas sin hogar, las muchas personas que apenas tienen algo de comida para llevar a la boca y cuya imposibilidad de trabajar hace esta situación aún más difícil; las comunidades indígenas, mucho más vulnerables ante una pandemia que en entre sus miembros puede cobrarse muchas más vidas; o las mujeres sometidas a parejas agresoras, que estos días viven situaciones de mayor angustia por el aumento de violencia que se prevé bajo la tensión que provoca la cuarentena. Todo esto se suma a la preocupación de la prevista crisis económica que va a dejar tras de sí la pandemia.

Frente a todo esto, existe un grupo de personas que continúa trabajando sin descanso para garantizar el abastecimiento de alimentos: los campesinos y agricultores. 

 

Colombia cuenta con numerosos departamentos mayoritariamente rurales, y el reconocimiento de su población es fundamental. Este año el DANE por fin ha recogido, en la Encuesta de Cultura Política, datos sobre este porcentaje de la población cuyo reconocimiento como condición de campesinos supone un gran avance.

 

Coincidiendo con el día de inicio del confinamiento se publicaban los datos de esta encuesta. De las más de 40.000 personas encuestadas un 32% se identifica como campesina, con los índices más altos en la región del Cauca (48,7%). Otro de los datos que proporciona la encuesta es la mayor participación organizacional de los campesinos frente a los que no se consideran parte de este colectivo. El 21,2% de ellos pertenecen a una organización, grupo o instancia. La indefensión estatal que perciben les lleva a trabajar conjuntamente para luchar por sus derechos, y es que el “32% de las personas que se identifican como campesinas cree que en Colombia no se garantizan los derechos del campesinado”

Son muchas las personas que viven del campesinado en Colombia, un país donde históricamente la pertenencia de la tierra ha sido el origen de grandes conflictos. Mientras el Estado les deja desamparados, estos siguen luchando por sus derechos. Es esta lucha la ha derivado en incesantes asesinatos de líderes sociales campesinos. Aprovechando el confinamiento, muchos de ellos reciben constantes amenazas y ya son varios los campesinos que han sido increpados en sus propias casas por hombres armados y asesinados a sangre fría. 

Sin embargo, lejos de abandonar sus tierras, los campesinos siguen trabajando mientras el país entero se queda en casa, con unas condiciones precarias que ponen su salud en peligro por la inminente expansión del virus, para abastecer a la población de alimentos de primera necesidad. Su labor es fundamental para evitar una potencial crisis alimentaria. Sin trabajadores agrícolas no hay comida. 

 

Pero es importante que se adopten medidas que aboguen por la protección de este sector tan importante para el país y tan vulnerable. Muchos de ellos conviven hacinados, con la consiguiente peligro de contagio. 

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